lunes, 30 de diciembre de 2013

La suerte de mi vida.

De eso que empiezas a hablarme;
y no tengo ni puta idea
de lo que significan tus palabras...
Pero a mi me suenan a gloria.

Y me miras;
como esperando una respuesta.
Y lo único que sería capaz de decirte,
es que tienes razón...

Mi razón.

Porque si supieras lo loca que estoy por ti;
entenderías que no es en sentido figurado.
Y que llamar pequeña
a la persona que más grande te hace sentir,
debe ser algo así como estar enamorado.

Quién sabe.

Aunque tú deberías saber
que desde que llegaste,
ya nunca le rezo a la suerte
para que vuelva a sonreírme cada día.

Te tengo a ti.
Y eso sí que puedo decir,
que sea la suerte de mi vida.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Mejor que cualquier paraíso artificial.

Te has llevado contigo todos mis principios,
y lo he permitido por la única razón
de que tú seas todos mis finales.

Has rebasado todos mis límites,
me has hecho creer que cuando no es X es Y;
o la infinidad de variables aleatorias que nos rodean.

He llegado incluso a creer
que estar al borde del abismo,
contigo,
era mejor que cualquier paraíso artificial.

He estado ciega a tus palabras
y sorda a tus actos.
O al revés,
ya qué más da...

Si siempre supe que mis mayores miedos
los ibas a hacer realidad.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Te marchaste... Y luego decidiste regresar.

Nunca te dije
lo mucho que me dolió.
Mejor así,
no quiero que sepas que a veces,
aún sigue doliendo.

Estoy tratando de curarme
de los días sin ti,
de las promesas
que dejaste por el camino
y de los sueños
que aún nos quedaban por cumplir.

Y ahora...
Ahora ya nunca sé bien 
si te quedas o te vas.

Es sólo que mi vida
dio 10 vueltas de campana
desde que te marchaste...

Y luego decidiste regresar.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

El punto más álgido de mi locura.

Si nunca me hubieses dejado llegar
al vértice de tu espalda,
al punto más álgido de mi locura,
ahora no estaríamos así.

Tú estarías en brazos de cualquiera
que creyese merecer una oportunidad,
y yo aún seguiría buscando
las vistas más bonitas de la ciudad.

Fue una suerte
encontrar esas vistas a ras de mi cama
cada vez que te veía soñar.

La desgracia...

Es que siempre supe que
era demasiado bonito para ser verdad.

martes, 3 de diciembre de 2013

Sobrevolando los siete mares.

Nunca entendí eso
de que el amor es una droga,
hasta que tu nombre
se convirtió en sinónimo de éxtasis
y mi único estado de necesidad
fue el de necesitarte a ti.

Y bueno,
para qué más.

Merecía la pena arriesgarse,
aún a sabiendas
de que
la dependencia me traería problemas.
Y bastante graves.

A ver ahora
quién era el valiente que se atrevía
a hacerme creer
que tener los pies en el suelo,
a tu lado,
no era estar sobrevolando los siete mares.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Queriéndote olvidar; buscándote en cada esquina.

Más que al fin del mundo,
temo la llegada del invierno,
de los recuerdos que no tuvimos...

Y de las cosas que no vivimos.

Ya sabes,
por si la historia se repite
y vuelvo a encontrarme andando sola
por las calles de Madrid
sin nada a que agarrarme;
y mucho menos a tu mano.

O quizá,
tal vez...

Me encuentres queriéndote olvidar;
y buscándote en cada esquina.

No sé,
creo que desde que te fuiste,
el frío es lo único que me hace sentir viva.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Quién iba a ser yo para hacerte querer quedarte conmigo.

Aún no lo has hecho...
Y ya llevo dos años perdonándote
que te vayas a marchar.
No te preocupes,
siempre he sabido que pasaría.
Era de esperar tarde o temprano...

Y ojalá 
hubiese sido más tarde que temprano.
Y ojalá 
nunca lo hubiese esperado, 
no de ti.

Pero hay cosas que se saben;
y yo lo supe...

Porque cuando te miraba todo lo demás se desvanecía,
dejaba de tener sentido,
como si mi cabeza supiese de antemano que
si se hubiese caído el mundo en ese mismo momento...
A mi me habría dado igual.

Catástrofes naturales, Katrina,
bombas nucleares, Hiroshima,
incluso un nuevo Big Bang...
Tenía delante la sonrisa más bonita del universo,
cómo me iba a importar.

En cambio,
tú a mi me mirabas como si sólo fuese
un punto más de un horizonte infinito.

Y claro,
tú y tus ganas de recorrerlo.

Quién iba a ser yo para hacerte querer quedarte conmigo,
aunque fuese sólo durante una vida más.

Hasta mis lunares se han alineado formando tu sonrisa.

Ya no sé cómo explicarte
que me he enamorado de ti hasta sueños;
y me he despertado pensando
que eres el sueño más bonito hecho realidad.

Te me has metido tan dentro de mi,
tan dentro de mi piel,
que hasta mis lunares
se han alineado formando tu sonrisa.

Lo que ellos aún no saben
es que tu sonrisa de por si,
es imposible de olvidar...

Y a estas alturas creo,
que no me queda un sólo hueco por dentro
que no haya conocido lo que es la felicidad.

Pero, ¿quieres saber algo?
Sólo es desde que tú estás.


No quiero que nos separe ni un centímetro de distancia.

Contigo,
la vida es como vivir 24 horas
sobre una mina anti-personas.
Y yo no quiero despegar los pies del suelo
por si algún día todo esto salta por los aires.

Y claro,
luego no digas que yo no lo avisé.

Porque llevo esperando ese momento
desde que te conocí.
Porque siempre he tenido tanto miedo de perderte,
que por ti, sería capaz
de vivir en los 30 centímetros cuadrados más bonitos
del mundo sin dar un sólo paso más
con tal de no alejarme de ti.

Porque fuera de ellos todo es sin ti.
Y ya deberías saber que sin ti,
yo no quiero ser nada.
Me sobra el resto del mundo,
de los continentes y de los países...

Lo único que tienes que hacer es quedarte conmigo.

Si nos las apañamos bien
puede sobrarnos incluso espacio,
así que acércate...

Que no quiero que nos separe ni un centímetro de distancia.


Por favor, tú no desaparezcas nunca.

Supongo que llega un momento en el que hay tanto ruido entre dos personas,
que al final una de ellas decide alejarse un poco para volver al silencio, a la tranquilidad.
Lo malo es que, a veces, cuando regresas no sólo es el ruido quien ha desaparecido.
Y entonces sí, adiós tranquilidad.

Nada también puede serlo todo.

Siempre creí ser afortunada, 
hasta que un día
la verdadera suerte vino a buscarme.


Y dio la casualidad, 
de que la suerte llevaba tu nombre y apellidos.
Y dio la casualidad de que conocerte,

tal vez no era una casualidad.
Y dio la casualidad, 

de que contigo, todo eran casualidades.


Y dio la casualidad más importante de todas... 
Dejé de creer en la casualidad, 
para creer en ti.


Y fue entonces 
cuando comprendí que todo puede ser nada; 
y que nada también puede serlo todo.


Como que seas todo lo que quiero; 
y nada de lo que querría perder.

Conserva las cartas de amor.

Escribo en una carta todo aquello que me gustaría decirte, pero que nunca te diré. Tengo el mechero preparado y cuando termine de escribir, será como si nada hubiera pasado. ¿Es así como funciona? No, ojala fuese tan fácil deshacerse de todo aquello que hace daño. Liberarse por dentro, empezar de cero.
He escrito tu nombre por lo menos un millón de veces, pero nunca es suficiente, y nunca es demasiado. No puedo negar que no te haya esperado, 40 días… Y 40 noches. ¿Te suena de algo? Pero ahora he comprendido que no se puede esperar de la vida más de lo que puede dar. No quiero esperar nada. De nadie.
Cuando lo único en lo que piensas es en no pensar, algo falla. A veces creo recordar tu olor, el tacto de tu piel… Y en seguida tengo que sacarme esa idea de la cabeza. Me he obligado a no pensar en ti. A no saber nada. Creo que he pasado el último mes torturándome en silencio. Intentando vivir a 200 por hora. Sin darme cuenta de que en algún momento tenía que frenar, aceptar la derrota y avanzar. Pero no es fácil, nunca es fácil perder a la persona que quieres. He oído consejos de todo tipo y ninguno me ha servido. Encabezando la lista encuentro el típico de “el tiempo todo lo cura”. Yo también quiero creerlo. Pero la verdad es que el tiempo no cura nada. Sigues tan presente como el primer día.
¿Sabes? Si algo aprendí de todo esto es que eso de “tener el corazón roto” no es una simple metáfora, ocurre de verdad. Cuando sientes tanto y a la vez no sientes nada. Cuando hay días que piensas en comerte el mundo y otros es el mundo quien te come a ti. Cuando te echaba de menos los Martes. Después de odiarte un Lunes. Cuando pensaba que un Domingo sin ti sí que era maldito. Cuando, cuando, cuando...
Siempre lo he tenido todo. De hecho, tengo todo lo que quiero en mi vida. Todo, menos a ti. Supongo que tengo que aprender a conformarme con un poquito menos. Las cosas no son siempre como uno quiere. Y no me daba cuenta de que esto no sólo dependía de mí. Éramos dos en uno. Hasta que dejamos de serlo.
Me encantaba hacerlo. Decirte cosas bonitas que de verdad sentía. Pero lo cierto, es que ya no escribo por y para ti. Escribo por mí. Para curarme. Creí que reconstruirme sería más fácil... Que sería más fuerte. Pero siempre he sido una ilusa. Al fin y al cabo, ¿qué esperaba? Nada es para siempre. Aunque podría haberlo sido. Siempre me han gustado las excepciones.
Lo peor es no estar en tu vida... Y creer que sigo en ella. Tener en mente tus horarios... Y pensar qué estarás haciendo. A las 8:30, 11:10, 13:15, 14:10, 15:15, 19:10, 19:30, 21:00… Incluso 21:12 con la esperanza de que lo recuerdes. De que pienses en mí y a la vez me olvides. Y así cada día, uno tras otro. Rezando porque en algún momento nos encontrásemos a la vuelta de la esquina y todo volviese a ser como antes. Supongo que es triste. Pero cierto también.
Contigo aprendí a creer en el destino. A pensar que encontrarnos en un paso de cebra en medio de Madrid no era casualidad. A hacer medio año entre el primer y el último día de un mes bisiesto que no se iba a volver a repetir hasta dentro de 4 años. A sacarme el carnet de conducir el día 30. A vivir en el número 30. A cumplir los años el día 30. Empezar contigo el día 30… Todo encajaba. Eras como la pieza del puzzle. Mi posibilidad entre un millón.
Todo empezó como un juego. Y terminé enamorándome de ti. Porque tenías la sonrisa más adorable del planeta. Qué digo del planeta… ¡Del universo! Era increíble tenerla a 2 centímetros de mí y saber que me pertenecía. La mejor sensación es cuando tienes a alguien que te hace sentir en la cima del mundo. Así me sentía yo a tu lado: invencible. Y ya ni siquiera sé lo que siento, porque preferiría no sentir nada. Ni bueno, ni malo. Nada. No sé cómo estoy. Porque no quiero estar de ninguna forma. Supongo que en cierto modo puede llamarse impotencia. Por las promesas incumplidas. Por haber luchado por ti más que por cualquier otra cosa en mi vida y que no haya servido para… ¿Nada? Si, esa es la palabra. Para absolutamente nada. Las cosas buenas siempre habían compensado a las malas. ¿En qué momento cambió todo eso? Supongo que ya es tarde para descubrirlo.
Y aunque me preguntasen qué es lo que quiero… Tampoco sabría contestar. Siempre lo había tenido claro. Eras tú, tú, y otra vez tú. Hasta que todo lo tuyo empezó a hacerme daño. Pensé que sacarte de mi vida de golpe sería la forma más fácil de olvidarme de ti. Pero ni con esas. Es completamente imposible olvidarte y sé que nunca lo conseguiré. Demasiados recuerdos, demasiados momentos, demasiadas sensaciones… Tendré que buscar otra forma de convivir con ello. De que no duela tanto no tenerte. De aceptar que no vas a estar. Sólo dame tiempo. O lo que sea que necesite. No quiero escapar de todo lo que hemos vivido. Sólo poder ser capaz de recordarlo, de verte y no morirme por dentro. Porque no se encuentra dos veces a la misma persona…
¿Dónde quedaron aquellos días en los que decías que era “el amor de tu vida”? Duele darse cuenta de que todo aquello en lo que crees es mentira. De que cualquiera puede ocupar tu lugar. De que eso de los amores verdaderos sólo se lo creen las mentes inocentes. Y lo cierto, es que yo siempre he sido muy inocente. Te creía hasta la última palabra. Al menos, si algo me consuela… Es que he dejado de soñar contigo. Tenerte en sueños y no en la realidad… No podría soportarlo. A pesar de todo, sigues siendo mi primer y último pensamiento del día. 
Pero a partir de mañana… A partir de mañana me he prometido no volver a pensar en ti. Aunque no prometo nada. Irónico, ¿verdad? Volveré a fallarme a mi misma. Últimamente no sé hacer otra cosa. También me prometí hace tiempo no volver a llorar por ti. Y, en fin… No quieras saberlo. Es hora de recuperar las ganas y de vencer la rutina. Quién sabe, tal vez en otra ocasión volvamos a encontrarnos. Cuando sean tiempos favorables. Cuando las cosas estén claras.
Hasta entonces: Aquí, ahora y siempre. Pase lo que pase. Sabes que nunca olvido aquello que me ha hecho vivir. Y tú lo conseguiste, desde el primer hasta el último día. No lo olvides. No me olvides.

TE QUIERO, 30#.

9 de Marzo del 2013.