miércoles, 13 de noviembre de 2013

Nada también puede serlo todo.

Siempre creí ser afortunada, 
hasta que un día
la verdadera suerte vino a buscarme.


Y dio la casualidad, 
de que la suerte llevaba tu nombre y apellidos.
Y dio la casualidad de que conocerte,

tal vez no era una casualidad.
Y dio la casualidad, 

de que contigo, todo eran casualidades.


Y dio la casualidad más importante de todas... 
Dejé de creer en la casualidad, 
para creer en ti.


Y fue entonces 
cuando comprendí que todo puede ser nada; 
y que nada también puede serlo todo.


Como que seas todo lo que quiero; 
y nada de lo que querría perder.

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