Nunca entendí eso
de que el amor es una droga,
hasta que tu nombre
se convirtió en sinónimo de éxtasis
y mi único estado de necesidad
fue el de necesitarte a ti.
Y bueno,
para qué más.
Merecía la pena arriesgarse,
aún a sabiendas
de que
la dependencia me traería problemas.
Y bastante graves.
A ver ahora
quién era el valiente que se atrevía
a hacerme creer
que tener los pies en el suelo,
a tu lado,
no era estar sobrevolando los siete mares.
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