Aún no lo has hecho...
Y ya llevo dos años perdonándote
que te vayas a marchar.
No te preocupes,
siempre he sabido que pasaría.
Era de esperar tarde o temprano...
Y ojalá
hubiese sido más tarde que temprano.
Y ojalá
nunca lo hubiese esperado,
no de ti.
Pero hay cosas que se saben;
y yo lo supe...
Porque cuando te miraba todo lo demás se desvanecía,
dejaba de tener sentido,
como si mi cabeza supiese de antemano que
si se hubiese caído el mundo en ese mismo momento...
A mi me habría dado igual.
Catástrofes naturales, Katrina,
bombas nucleares, Hiroshima,
incluso un nuevo Big Bang...
Tenía delante la sonrisa más bonita del universo,
cómo me iba a importar.
En cambio,
tú a mi me mirabas como si sólo fuese
un punto más de un horizonte infinito.
Y claro,
tú y tus ganas de recorrerlo.
Quién iba a ser yo para hacerte querer quedarte conmigo,
aunque fuese sólo durante una vida más.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
Hasta mis lunares se han alineado formando tu sonrisa.
Ya no sé cómo explicarte
que me he enamorado de ti hasta sueños;
y me he despertado pensando
que eres el sueño más bonito hecho realidad.
Te me has metido tan dentro de mi,
tan dentro de mi piel,
que hasta mis lunares
se han alineado formando tu sonrisa.
Lo que ellos aún no saben
es que tu sonrisa de por si,
es imposible de olvidar...
Y a estas alturas creo,
que no me queda un sólo hueco por dentro
que no haya conocido lo que es la felicidad.
Pero, ¿quieres saber algo?
Sólo es desde que tú estás.
que me he enamorado de ti hasta sueños;
y me he despertado pensando
que eres el sueño más bonito hecho realidad.
Te me has metido tan dentro de mi,
tan dentro de mi piel,
que hasta mis lunares
se han alineado formando tu sonrisa.
Lo que ellos aún no saben
es que tu sonrisa de por si,
es imposible de olvidar...
Y a estas alturas creo,
que no me queda un sólo hueco por dentro
que no haya conocido lo que es la felicidad.
Pero, ¿quieres saber algo?
Sólo es desde que tú estás.
No quiero que nos separe ni un centímetro de distancia.
Contigo,
la vida es como vivir 24 horas
sobre una mina anti-personas.
Y yo no quiero despegar los pies del suelo
por si algún día todo esto salta por los aires.
Y claro,
luego no digas que yo no lo avisé.
Porque llevo esperando ese momento
desde que te conocí.
Porque siempre he tenido tanto miedo de perderte,
que por ti, sería capaz
de vivir en los 30 centímetros cuadrados más bonitos
del mundo sin dar un sólo paso más
con tal de no alejarme de ti.
Porque fuera de ellos todo es sin ti.
Y ya deberías saber que sin ti,
yo no quiero ser nada.
Me sobra el resto del mundo,
de los continentes y de los países...
Lo único que tienes que hacer es quedarte conmigo.
Si nos las apañamos bien
puede sobrarnos incluso espacio,
así que acércate...
Que no quiero que nos separe ni un centímetro de distancia.
la vida es como vivir 24 horas
sobre una mina anti-personas.
Y yo no quiero despegar los pies del suelo
por si algún día todo esto salta por los aires.
Y claro,
luego no digas que yo no lo avisé.
Porque llevo esperando ese momento
desde que te conocí.
Porque siempre he tenido tanto miedo de perderte,
que por ti, sería capaz
de vivir en los 30 centímetros cuadrados más bonitos
del mundo sin dar un sólo paso más
con tal de no alejarme de ti.
Porque fuera de ellos todo es sin ti.
Y ya deberías saber que sin ti,
yo no quiero ser nada.
Me sobra el resto del mundo,
de los continentes y de los países...
Lo único que tienes que hacer es quedarte conmigo.
Si nos las apañamos bien
puede sobrarnos incluso espacio,
así que acércate...
Que no quiero que nos separe ni un centímetro de distancia.
Por favor, tú no desaparezcas nunca.
Supongo que llega un momento en el que hay tanto ruido entre dos personas,
que al final una de ellas decide alejarse un poco para volver al silencio, a la tranquilidad.
Lo malo es que, a veces, cuando regresas no sólo es el ruido quien ha desaparecido.
Y entonces sí, adiós tranquilidad.
que al final una de ellas decide alejarse un poco para volver al silencio, a la tranquilidad.
Lo malo es que, a veces, cuando regresas no sólo es el ruido quien ha desaparecido.
Y entonces sí, adiós tranquilidad.
Nada también puede serlo todo.
Siempre creí ser afortunada,
hasta que un día
la verdadera suerte vino a buscarme.
Y dio la casualidad,
de que la suerte llevaba tu nombre y apellidos.
Y dio la casualidad de que conocerte,
tal vez no era una casualidad.
Y dio la casualidad,
de que contigo, todo eran casualidades.
Y dio la casualidad más importante de todas...
Dejé de creer en la casualidad,
para creer en ti.
Y fue entonces
cuando comprendí que todo puede ser nada;
y que nada también puede serlo todo.
Como que seas todo lo que quiero;
y nada de lo que querría perder.
hasta que un día
la verdadera suerte vino a buscarme.
Y dio la casualidad,
de que la suerte llevaba tu nombre y apellidos.
Y dio la casualidad de que conocerte,
tal vez no era una casualidad.
Y dio la casualidad,
de que contigo, todo eran casualidades.
Y dio la casualidad más importante de todas...
Dejé de creer en la casualidad,
para creer en ti.
Y fue entonces
cuando comprendí que todo puede ser nada;
y que nada también puede serlo todo.
Como que seas todo lo que quiero;
y nada de lo que querría perder.
Conserva las cartas de amor.
Escribo en una carta todo aquello que me
gustaría decirte, pero que nunca te diré. Tengo el mechero preparado y cuando
termine de escribir, será como si nada hubiera pasado. ¿Es así como funciona?
No, ojala fuese tan fácil deshacerse de todo aquello que hace daño. Liberarse
por dentro, empezar de cero.
He escrito tu nombre por lo menos un
millón de veces, pero nunca es suficiente, y nunca es demasiado. No puedo negar
que no te haya esperado, 40
días… Y 40 noches. ¿Te suena
de algo? Pero ahora he comprendido que no se puede esperar de la vida más de lo
que puede dar. No quiero esperar nada. De nadie.
Cuando lo único en lo que piensas es en
no pensar, algo falla. A veces creo recordar tu olor, el tacto de tu piel… Y en
seguida tengo que sacarme esa idea de la cabeza. Me he obligado a no pensar en
ti. A no saber nada. Creo que he pasado el último mes torturándome en silencio.
Intentando vivir a 200 por hora. Sin darme cuenta de que en algún momento tenía
que frenar, aceptar la derrota y avanzar. Pero no es fácil, nunca es fácil
perder a la persona que quieres. He oído consejos de todo tipo y ninguno me ha
servido. Encabezando la lista encuentro el típico de “el tiempo todo lo cura”. Yo
también quiero creerlo. Pero la verdad es que el tiempo no cura nada. Sigues
tan presente como el primer día.
¿Sabes? Si algo aprendí de todo esto es
que eso de “tener el corazón
roto” no es una simple
metáfora, ocurre de verdad. Cuando sientes tanto y a la vez no sientes nada.
Cuando hay días que piensas en comerte el mundo y otros es el mundo quien te
come a ti. Cuando te echaba de menos los Martes. Después de odiarte un Lunes.
Cuando pensaba que un Domingo
sin ti sí que era maldito. Cuando, cuando, cuando...
Siempre lo he tenido todo. De hecho,
tengo todo lo que quiero en mi vida. Todo,
menos a ti. Supongo que tengo
que aprender a conformarme con un poquito menos. Las cosas no son siempre como
uno quiere. Y no me daba cuenta de que esto no sólo dependía de mí. Éramos
dos en uno. Hasta
que dejamos de serlo.
Me encantaba hacerlo. Decirte cosas
bonitas que de verdad sentía. Pero lo cierto, es que ya no escribo por y para
ti. Escribo por mí. Para curarme. Creí que reconstruirme sería más fácil... Que
sería más fuerte. Pero siempre he sido una ilusa. Al fin y al cabo, ¿qué
esperaba? Nada es para
siempre. Aunque podría
haberlo sido. Siempre me han gustado las excepciones.
Lo peor es no estar en tu vida... Y creer
que sigo en ella. Tener en mente tus horarios... Y pensar qué estarás haciendo.
A las 8:30, 11:10, 13:15, 14:10, 15:15, 19:10, 19:30, 21:00… Incluso 21:12 con la esperanza de que lo recuerdes.
De que pienses en mí y a la vez me olvides. Y así cada día, uno tras otro.
Rezando porque en algún momento nos encontrásemos a la vuelta de la esquina y
todo volviese a ser como antes. Supongo que es triste. Pero cierto también.
Contigo aprendí a creer en el destino. A
pensar que encontrarnos en un paso de cebra en medio de Madrid no era
casualidad. A hacer medio año entre el primer y el último día de un mes bisiesto
que no se iba a volver a repetir hasta dentro de 4 años. A sacarme el carnet de
conducir el día 30. A vivir en el número 30. A cumplir los años el día 30.
Empezar contigo el día 30… Todo encajaba. Eras como la pieza del puzzle. Mi posibilidad entre un millón.
Todo empezó como un juego. Y terminé
enamorándome de ti. Porque tenías la sonrisa más adorable del planeta. Qué digo
del planeta… ¡Del universo! Era increíble tenerla a 2 centímetros
de mí y saber que me pertenecía. La mejor sensación es cuando tienes a alguien
que te hace sentir en la cima del mundo. Así me sentía yo a tu lado: invencible. Y ya ni siquiera sé lo que siento,
porque preferiría no sentir nada. Ni bueno, ni malo. Nada. No sé cómo estoy.
Porque no quiero estar de ninguna forma. Supongo que en cierto modo puede
llamarse impotencia. Por las promesas incumplidas. Por haber luchado por ti más
que por cualquier otra cosa en mi vida y que no haya servido para… ¿Nada? Si,
esa es la palabra. Para
absolutamente nada. Las cosas
buenas siempre habían compensado a las malas. ¿En qué momento cambió todo eso?
Supongo que ya es tarde para descubrirlo.
Y aunque me preguntasen qué es lo que
quiero… Tampoco sabría contestar. Siempre lo había tenido claro. Eras tú, tú, y otra vez tú. Hasta que todo lo tuyo empezó a
hacerme daño. Pensé que sacarte de mi vida de golpe sería la forma más fácil de
olvidarme de ti. Pero ni con esas. Es completamente imposible olvidarte y sé
que nunca lo conseguiré. Demasiados
recuerdos, demasiados momentos, demasiadas sensaciones… Tendré que buscar otra forma de convivir con ello. De
que no duela tanto no tenerte. De aceptar que no vas a estar. Sólo dame tiempo.
O lo que sea que necesite. No quiero escapar de todo lo que hemos vivido. Sólo
poder ser capaz de recordarlo, de verte y no morirme por dentro. Porque no se encuentra dos veces
a la misma persona…
¿Dónde quedaron aquellos días en los que
decías que era “el amor de tu
vida”? Duele darse cuenta de que todo aquello en lo que crees es mentira.
De que cualquiera puede ocupar tu lugar. De que eso de los amores verdaderos
sólo se lo creen las mentes inocentes. Y lo cierto, es que yo siempre he sido
muy inocente. Te creía hasta la última palabra. Al menos, si algo me consuela…
Es que he dejado de soñar contigo. Tenerte en sueños y no en la realidad… No
podría soportarlo. A pesar de todo, sigues
siendo mi primer y último pensamiento del día.
Pero a partir de mañana… A partir de
mañana me he prometido no volver a pensar en ti. Aunque no prometo nada.
Irónico, ¿verdad? Volveré a fallarme a mi misma. Últimamente no sé hacer otra
cosa. También me prometí hace tiempo no volver a llorar por ti. Y, en fin… No
quieras saberlo. Es hora de recuperar las ganas y de vencer la rutina. Quién
sabe, tal vez en otra ocasión volvamos a encontrarnos. Cuando sean tiempos
favorables. Cuando las cosas estén claras.
Hasta entonces: Aquí, ahora y siempre. Pase lo que pase. Sabes que nunca
olvido aquello que me ha hecho vivir. Y tú lo conseguiste, desde el primer
hasta el último día. No lo olvides. No me olvides.
9 de Marzo del 2013.
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