domingo, 5 de octubre de 2014

No fuese más que una metáfora.

Si contigo
tengo la vida ganada,
es porque el día que aposté
al color de tus ojos,
me devolvieron la mirada.

Y eso,

fue mejor que cualquier
escalera de ases
que me llevase 
hasta tu cuarto.

Y desde entonces,

más que en la suerte
del trébol de cuatro hojas,
creo
en los cuatro costados de tu cama,
y en lo bien que nos vendría
que todo ese rollo

de la vela;
y de la llama

de verdad no fuese más que una metáfora
para no tener nosotras que encenderla,

y mucho menos,
preocuparnos por si se apaga.