Mándame una señal
que sigo enganchada
a la sintonía de tu voz
y hace tiempo
que no me funcionan los cables.
Dime que en los canales de Venecia
puedo verte
y desconecta todo aquello
que nos vaya a hacer interferencia,
que si hoy no me caigo
sólo es cuestión de suerte.
Guarda tu indiferencia
en el cajón de las pilas viejas
y pídeme que te acompañe
pero,
ten
un
poco
de
paciencia.
Navega,
coge el mando de tu vida
y cuando ya no puedas más,
recuerda:
Las historias
siempre tienen un
comienzo,
desarrollo
y despedida.
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