Hay personas
que nunca aprenden,
otras,
que nunca cicatrizan.
Y entre unos
y otros
somos heridas andantes,
suplicantes,
de ser curados
con verdades como puños
por las mentiras
que un día nos contaron.
Y qué culpa tendrán ellos,
si fuimos nosotros
los que nos creímos
hasta la última gota
y nos bebimos
hasta la última palabra.
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